Martí Peran
martes 12 de diciembre, 2017 03:28 AM
martiperan@gmail.com
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Tsunami Architecture

Tsunami Architecture.

1.
El Tsunami del 26 de diciembre de 2004 -afectó a catorce países y se estima que produjo alrededor de doscientas cincuenta mil víctimas - representó uno de los mayores desastres naturales que ha tenido que afrontar la comunidad internacional, convirtiéndose en una ocasión paradigmática para testar los protocolos de respuesta ideados hasta la fecha. Más allá de la asistencia humanitaria de carácter inmediato, la principal operación debía centrarse en la reubicación de las comunidades afectadas, pero la magnitud de la situación, así como la enorme variedad de intereses e interlocutores, impidió que los procesos de reconstrucción fueran ejemplares hasta el punto que Naciones Unidas, dos años más tarde, no tuvo más remedio que reconocer muchos errores y apuntar las líneas que habrían de permitir una actuación mejor en circunstancias similares (1) . Aquellas advertencias tuvieron que someterse a un largo proceso de reflexión hasta 2010, cuando la Relatora Especial Raquel Rolnick eleva al Consejo de Derechos Humanos de la Asamblea General de Naciones Unidas su Informe sobre el derecho a una vivienda adecuada en los procesos de reconstrucción posteriores a desastres y conflictos (2) . La presentación de estas conclusiones coincide con el inicio del periplo que Heidrun Holzfein y Christoph Draeger desarrollan por los países índicos afectados por la catástrofe, para certificar sobre el terreno los procesos de reconstrucción con sus aciertos y deslices. Esta feliz coincidencia cronológica es la que nos brinda ahora la oportunidad de utilizar los principios expuestos en el Informe como una brújula para ensayar, en primer lugar, una aproximación general a los hechos que relatan los artistas sobre el propio proceso de reconstrucción en distintas zonas de Indonesia, Sri Lanka, Tailandia, Islas Maldivas e India.

La Seguridad de tenencia es el principio por el cual, en los procesos de reconstrucción de zonas afectadas, se ha garantizar una gestión de la vivienda como un valor social y patrimonial, y no como un mero cobijo de emergencia. Para ello, han de gestionarse los elementos jurídicos necesarios para que las nuevas viviendas sean libradas a sus usuarios mediante unas fórmulas – la propiedad, el alquiler o la cooperativa - que estabilicen de inmediato un régimen que restituya, o mejore, las condiciones previas al desastre.

El trabajo documental Tsunami Architecture , en relación a la seguridad de tenencia, pone al descubierto como, de forma mayoritaria , se optó por arrendar las nuevas viviendas a los afectados. El alquiler de bajo coste, en principio, puede parecer una solución acertada pero ha de ponderarse con muchos otros elementos que obligan a matizar esta solución. La cuestión principal reside en la mengua del poder adquisitivo que padecen las víctimas de la catástrofe, no solo por la situación crítica que se produce tras la destrucción, sino debida también a las dificultades derivadas de un nuevo emplazamiento alejado de las costas que representaban las áreas tradicionales de trabajo para la mayor parte de la población. En consecuencia, con este aumento de la precariedad económica, difícilmente se pueden afrontar unos precios de alquiler incluso moderados. Por otra parte, todavía sobre la necesaria solución jurídica que estabilice las fórmulas patrimoniales adoptadas sobre la vivienda, el documental trasluce otro problema fundamental: la excesiva dilación en dar una respuesta definitiva y la consecuente necesidad de habilitar asentamientos provisionales que, demasiadas veces, se prolongan por tiempo indefinido, impidiendo la imperativa consumación de una justicia restaurativa.

La Consulta y participación es el principio de aplicación más compleja - y probablemente el más relevante - para garantizar una eficaz respuesta habitacional tras un desastre natural o conflicto bélico. El objetivo es hacer partícipe a la comunidad en todo el proceso previo a la reconstrucción, con el fin de que la ubicación definitiva, el diseño y la infraestructura de la vivienda nueva, así como los efectos sociales de este tipo de intervención, respondan a las expectativas de mejora que la situación inmediata al desastre puede y debe alimentar. Los precedentes de procesos de reconstrucción cerrados a la participación de los afectados son numerosos (3) y, a grandes rasgos, ponen en evidencia hasta que extremo se priorizan intereses económicos o políticos sobre las necesidades reales de la población vulnerable.

En Tsunami Architecture los testimonios de los afectados permiten vislumbrar la escasa aplicación que mereció el principio de consulta. En efecto, la cuestión de la ubicación de las nuevas construcciones se antoja problemática en muchos lugares – también hay excepciones sorprendentes como la habilitación de la isla de Dhuavaruu en las Maldivas – ya sea, como ya hemos mencionado, por alejar a la población de sus áreas tradicionales de trabajo, o por forzar la aglomeración de comunidades muy distintas y pequeñas en un único complejo. Por lo que afecta al diseño de las casas, la ausencia de diálogo parece indiscutible si nos atenemos a la reiterada observación según la cuál los habitantes se han visto obligados a rehacer la distribución de las estancias para restablecer sus hábitos cotidianos (la cocina incorporada a la casa según el modelo occidental es el ejemplo más elocuente de esta distorsión), forzados a reparar y completar mediante la autoconstrucción las estrecheces y precariedades de las nuevas viviendas, cuando no a someterse a unas lógicas sociales (casas “demasiado transparentes” en Sri Lanka ó casas diseñadas para un máximo de seis personas en las Maldivas) absolutamente ajenas a sus hábitos culturales.

El tercer y último principio que establece el Informe se refiere a la indispensable Coordinación institucional entre los distintos agentes implicados en el proceso de reconstrucción. La importancia de esta coordinación se fundamenta en la exigible optimización máxima de los recursos disponibles, en el establecimiento de una actuación que jerarquice prioridades y en la garantía de una acción secuenciada que permita acortar los tiempos de ejecución con la máxima eficacia. Pero, más allá de estos argumentos evidentes, todavía hay otra razón para enfatizar esta necesaria coordinación institucional : establecer un consenso respecto de lo que ha de concebirse como “ayuda humanitaria” y lo que representan aportes para el “desarrollo”. La distinción no es superficial ya que una gestión errónea de la ayuda inmediata puede hipotecar las posibilidades reales de articular unas bases para una desarrollo sostenible y continuado del entramado cultural y social de la comunidad afectada. Tsunami Architecture expone sin tapujos episodios de corrupción en la distribución de viviendas nuevas debidos a esta ausencia de una coordinación institucional que hubiera garantizado un mejor gobierno de la situación; pero el documental también exhibe ejemplos – Tamil Nadu - de labores institucionales que, sobre el agravamiento de la vulnerabilidad que provocó el desastre y que obligaba a una primera ayuda de urgencia, también han concebido la coyuntura como una oportunidad para establecer unas mejores bases para el desarrollo comunitario.

2.
El proceso de rendición de cuentas (acountability) tras una intervención de la magnitud que exigió la catástrofe del Tsunami de 2004, es fundamental para evaluar la correcta aplicación del los planes de reconstrucción. Sin embargo, como es habitual, en la mayor parte de las zonas afectadas parece que esta operación solo se produjo en un sentido vertical, facilitando la entente entre los organismos que participaron en el proceso, pero olvidando la necesidad de una rendición de cuentas horizontal que permitiera a los propios afectados exponer su evaluación. Este es, sin lugar a dudas, el principal haber de Tsunami Architecture: dar voz a los auténticos protagonistas de la realidad. Este gesto es el que obliga a utilizar un registro documental muy austero y sin apenas concesiones metafóricas. En efecto, a lo largo de la grabación, asistimos a un prolongado testimonio coral que articula una narración sobre lo ocurrido desde el interior mismo de lo narrado. Esta severa poética que parece limitarse a atender lo real no es una licencia arbitraria sino que, por el contrario, responde a un imperativo histórico : lo fantástico y espectacular acontece en los media de forma desmedida e insultante, de forma que le corresponde a los procesos artísticos rehabilitar las formas de reencontrarse con la realidad.

El desastre del Tsunami es un paradigma de aquello que los medios informativos gestionan como breaking news, es decir, como aquello que irrumpe de un modo absolutamente inesperado, descomponiendo el orden natural de los acontecimientos. Estas disrupciones, habitualmente referidas a sucesos cargados de violencia de cualquier orden, cumplen un papel en el imaginario contemporáneo cercano a la vieja categoría estética de lo sublime en la medida que obligan a afrontar experiencias que escapan a la razón. Sucede, sin embargo, que los protocolos ordinarios de la información mitigan esa sin-razón mediante una urgente gestión de lo sucedido que intenta devolverlo a la esfera de lo real mediante su inmediata espectacularización. Se trata, en definitiva, de convertir los accidentes en escenarios visuales del Apocalipsis o en una suma de relatos espeluznantes aptos para un consumo rápido y que, sobre todo, confirmen las bonanzas de nuestro bienestar doméstico y domesticado. No es nada nuevo; ni más ni menos que el aplastante triunfo del simulacro. Frente a esta realidad falseada que además será rápidamente reemplazada por otro simulacro, es imprescindible idear metodologías de trabajo que garanticen un encuentro efectivo con lo real, con la lentitud que exija su propia complejidad y, si es necesario, con la disposición de afrontar su supuesta irracionalidad.

Para proceder a ese descenso hacia lo real sublime hasta aprehender su auténtica naturaleza, la colaboración entre Christoph Draeger y Heidrun Holzfein se antoja de lo más apropiada. Las razones de este juicio son irrefutables; Draeger porque exhibe una contrastada experiencia en el modo de aproximarse a los rastros del desastre; Holzfein porque dispone de una dilatada trayectoria en la investigación del urbanismo y la arquitectura como paradigmas de las arrogancias ideológicas y económicas dominantes. La suma de estos bagajes se convierte ahora en enormemente efectiva: sin obviar la fascinación por la magnitud de la tragedia, la dimensión de sus huellas físicas, así como la capacidad humana de sobreponerse al desastre, la atención específica a la respuesta habitacional que siguió a la catástrofe permite también reconstruir el acontecimiento real en toda su extensión, desde el recuerdo de la destrucción intempestiva, hasta las más complejas reverberaciones sociales que produjo el inesperado acontecimiento. En efecto, ya no asistimos a una mera exhibición amoral de un espectáculo increíble y asombroso, sino a la aproximación lenta y dilatada de sus efectos todavía en curso.

Esta atención específica a la actuación arquitectónica, efectivamente, representa la estrategia metodológica para salvar cualquier tentación de identificar lo real con una imagen y, en su lugar, examinarlo como una trama compleja de causas y efectos. La elocuencia de la arquitectura se despliega en un perímetro ancho, denotando al mismo tiempo el talante de sus intenciones, la formalización de las mismas y, lo más importante, su definitivo grado de eficacia una vez ejecutada. Lo ideológico, lo formal y lo social, se aúnan en la realización arquitectónica en una suerte de red de relatos cruzados que permite, ahora si, abarcar la complejidad real de la situación. Esta complejidad es lo que subvierte la lógica fugaz del espectáculo y convierte Tsunami Architecture en un trabajo de investigación que, a pesar de todo y gracias a su carácter artístico, puede también escapar a la banal exhaustividad que pretenden otros retratos objetivos como podría ser el de un ingente baile de cifras. Ya no se trata de elaborar tablas numéricas completas que permitan deducir la magnitud de lo acontecido, sino de articular una única visión poliédrica en la que se conjuguen diversos matices del tiempo y lugar del acontecimiento. Es ahondando en esta misma perspectiva que han de interpretarse los trabajos que complementan Tsunami Architecture. Así, A house is a house is ofrece la posibilidad de centrar la atención lenta en algo que podía pasar desapercibido en la grabación: la potencia de la señal subjetiva, capaz de aparecer en los detalles más insospechados sobre las estructuras arquitectónicas. A su vez, Boxing Day Survivors , al retratar a distintos supervivientes sobre el fondo del océano ahora apacible, invoca la inexorable convivencia del hombre y la naturaleza en la que reside la infinita posibilidad del desastre.

1. Véase. W.J. Clinton. Lessons Learned from Tsunami Recovery : Key Propositions for Building Back Better. United Nations, 2006.
2. Naciones Unidas. Asamblea General A /HRC / 16 /42. 20 diciembre 2010.
3. Pueden recordarse los casos de Gujurat (India) donde los asentamientos construidos tras el terremoto de 2001 continúan vacíos debido a las reticencias de la población. Todavía resulta más llamativo recordar que en Ruanda , a pesar de las reiteradas reticencias por parte de los afectados, se prosigue con el programa imidugudu que pretende concentrar en aldeas una población acostumbrada a ocupar el territorio de forma muy dispersa para favorecer las tareas de cultivo.


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